La interacción de agua subterránea con las edificaciones constituye situaciones que obligan a su gestión para evitar que pueda derivar en daños de relevancia.

Los factores de riesgo pueden ser naturales, por la existencia de niveles freáticos, recargas (precipitaciones), o artificiales (fugas de redes, desvíos, riegos, etc.), provocando daños que pueden ser tratados, paliados, ignorados o eliminados.

Estos daños podrán ser estéticos, sobre la salud de las personas que habitan las edificaciones, dado que el exceso de humedad produce hongos y microorganismos favoreciendo enfermedades respiratorias (asma, bronquitis, etc.), y especialmente, sobre las estructuras de las edificaciones, aspectos a los que se refiere este post.

El agua, como agente agresor, afecta a toda edificación, ya sea a su estructura de madera, pues favorece la existencia de agentes xilófagos, pudrición, etc., a su estructura metálica, implicando oxidación, corrosión, etc., o a su estructura de hormigón, ya que al carbonatarse éste, provoca su retracción y la formación de sales de yeso o compuestos de aluminio que al aumentar su volumen termina provocando su desprendimiento más superficial.

Las patologías más frecuentes que puede surgir en las edificaciones consecuencia de la humedad son las siguientes:

  • Grietas
  • Sobrepresión en el trasdós
  • Subpresión
  • Desestabilización de suelo
  • Arrastre y lavado de finos (falta de suelo)
  • Asientos diferenciales
  • Humedades por capilaridad
  • Filtraciones en el interior
  • Degradación de materiales
  • Inundación de fosos
  • Reblandecimiento y pérdida de consistencia de los materiales

Ante estas graves afecciones, las medidas tradicionales que se suelen aplicar pueden clasificarse en cuatro tipos:

  • La contención del agua: el efecto de retención en la circulación natural del agua provocado por bloqueos o impermeabilizaciones puede producir un ascenso del nivel del agua retenida, implicando sobrepresiones, saturación del terreno adyacente,…por lo que es recomendable que vaya acompañado de otras medidas.
  • El tratamiento de los materiales dañados: es una solución complementaria a tratamientos que eliminen la causa del daño.
  • La “ocultación” del problema: no es una medida correctora, se suele aplicar como “solución” temporal, pero no impide que continúe la degradación progresiva de los materiales.
  • La eliminación del agua: actuar directamente sobre el agente agresor, el agua, es la solución más eficaz ante aguas subterráneas.

En todo caso, no existen soluciones únicas, y cada caso requiere su propio análisis para adoptar la solución más idónea. Por ello, siempre es recomendable acudir a la asesoría de profesionales como los presentes en SOLUCIONAF.

El presente post constituye una síntesis del artículo publicado por el Grupo Preasa sobre la gestión de humedades en edificaciones que ha autorizado a su difusión. Puede leer el artículo completo en este enlace.

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